viernes, 2 de diciembre de 2016

Los fármacos psiquiátricos nos hacen más daño que bien


PETER GØTZSCHE / ESPECIALISTA EN ENSAYOS CLÍNICOS

“Los fármacos psiquiátricos nos hacen más daño que bien”

El científico de la Universidad de Copenhague aboga por la reducción drástica del uso de fármacos contra las dolencias psiquiátricas.

25 SEP 2016 - 12:47 CEST

El investigador danés Peter Gøtzsche PETER BERTEL
En 1936, el neurólogo portugués Egas Moniz presentó una operación quirúrgica que destruía conexiones entre la región prefrontal y otras partes del cerebro. Esta cirugía, conocida como lobotomía, se popularizó como tratamiento para la esquizofrenia y en 1949 le valió a Moniz el Nobel de Medicina. La intervención perdió interés años después por la aparición de medicamentos como la clorpromacina, que se convirtieron en el tratamiento habitual para este tipo de enfermedades mentales.
Desde entonces, la lobotomía ha pasado a ser un símbolo de una psiquiatría que curaba a los pacientes anulándolos y algunos grupos de familiares de lobotomizados han pedido incluso que se le retire el Nobel a Moniz. Algunos expertos, no obstante, consideran que, en su momento, sin alternativas terapéuticas para aquellas psicosis, el tratamiento del médico portugués mejoró la vida de sus pacientes y sus familiares.
El caso de la lobotomía es una muestra de lo controvertidas que pueden resultar las herramientas terapéuticas en una disciplina tan compleja como la psiquiatría. Los fármacos que sirvieron para superar aquella cirugía, a los que muchos psiquiatras atribuyen la dignificación de la vida de pacientes con trastornos psicológicos graves, tampoco han sido ajenos a las críticas. Peter Gøtzsche (Næstved, Dinamarca, 1949), profesor de Diseño y Análisis de Ensayos Clínicos de la Universidad de Copenhague, lleva años abogando por la reducción drástica del uso de fármacos contra las dolencias psiquiátricas. En su libro Psicofármacos que matan y denegación organizada (Los libros del Lince), el investigador danés analiza las carencias de la ciencia que justifica el uso de estos medicamentos y explica por qué cree que, pese al consenso que despiertan entre los psiquiatras, “están haciendo más daño que bien”.
Pregunta. Usted aboga por una reducción paulatina [Gøtzsche advierte del peligro de dejar de tomar psicofármacos de repente], pero prácticamente total, del consumo de medicamentos psiquiátricos. Sin embargo, hay muchos psiquiatras que defienden su utilidad y que afirman que han permitido reducir la cantidad de enfermos recluidos en asilos.
¿Por qué se llevaron a cabo sangrías durante tantos siglos, incluso cuando necesitabas líquidos?
Respuesta. En primer lugar, no es correcto decir que los antipsicóticos hayan reducido la presencia de personas en asilos. El vaciado de los asilos tiene que ver con consideraciones financieras. Era demasiado caro tener a tanta gente en estas instituciones por muchos años. Esa reducción no coincide con la introducción de fármacos antipsicóticos.
Los antipsicóticos son algunos de los medicamentos más tóxicos que existen, aparte de la quimioterapia para el cáncer. Producen daño cerebral permanente, algunas veces incluso después de un tiempo de uso relativamente breve, y hacen más difícil que la gente vuelva a vivir una vida plena. He llegado a la conclusión de que, muy probablemente, nos iría mucho mejor si no utilizásemos antipsicóticos en absoluto.
No soy la única persona que lo ve así. Hay psiquiatras que han estudiado la literatura de una forma tan cuidadosa como yo y que han llegado a la misma conclusión: que en realidad no necesitamos fármacos antipsicóticos, porque frente a lo que implica el nombre, antipsicótico, no curan las psicosis. Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones, parte de sus pensamientos normales. Puedes ver que algunos de ellos se convierten en zombies, que no pueden hacer nada.
P. Si estos fármacos son tan dañinos, ¿por qué comenzaron a utilizarse de forma habitual en psiquiatría?
R. En 1954, cuando la clorpromazina fue descubierta y llegó al mercado. se consideraba una mala droga, la comparaban con una lobotomía química. Sin embargo, un año después, de repente, era buena. Eso es muy extraño. Hubo un presidente de la Sociedad Americana de Psiquiatría Biológica que afirmó que ese fármaco era como la insulina para la diabetes. Es algo demencial, porque si tienes diabetes, te falta insulina, y cuando a ti te dan algo que te falta es un buen tratamiento. Pero cuando tienes una psicosis no te falta nada, así que la comparación es errónea. Sin embargo, desde que se lanzó aquella idea se ha hablado de un desequilibrio químico. No hay desequilibrio químico, nunca se ha podido demostrar que haya nada en los pacientes psicóticos o depresivos diferente de las personas sanas. El desequilibrio químico es una mentira.
El Instituto Nacional para la Salud Mental en América, llevó a cabo un ensayo con clorpromazina y fármacos similares y placebo y concluyeron justo lo contrario de lo que pasa cuando das estas drogas a la gente. Observaron que los pacientes eran menos apáticos, que se movían más y parecían mejorar. Estas drogas hacen justo lo contrario. Esto sucede porque los ensayos no están bien cegados.
Utilizando psicoterapia se puede enseñar a la gente a manejar los sentimientos que les acaban convirtiendo en pacientes psiquiátricos
P. Si los datos de los estudios son accesibles a todo el mundo, ¿por qué tantos psiquiatras los interpretan mal? ¿Es que son todos estúpidos o malvados?
R. Esta pregunta es interesante y no solo concierne a la psiquiatría. ¿Por qué se llevaron a cabo sangrías durante tantos siglos? Incluso cuando tenías cólera y necesitabas los fluidos, tomaban la sangre de la gente y muchas veces eso les mataba. Y creían que lo hacían bien. Durante siglos. Cómo es posible que nosotros los humanos, que tenemos cerebros maravillosos, podamos quedar atrapados en engaños colectivos como las sangrías o la creencia en los antipsicóticos. Así son los humanos, pero tenemos que combatirlo demostrando a la gente que sus creencias no coinciden con la evidencia científica.
P. ¿Qué alternativas hay a los fármacos contra las psicosis graves?
R. Es muy simple: ningún fármaco. La alternativa a dar demasiadas drogas a la gente es darles muy pocas. Si hiciésemos eso tendríamos una población más sana que viviría más, porque las drogas psiquiátricas matan a mucha gente. Y no lisiaríamos a tanta gente, tanto físicamente como cerebralmente. Otra alternativa es darnos cuenta de que muchas de las que llamamos enfermedades psiquiátricas se tratan mejor a través de psicoterapia. Estas enfermedades muchas veces tienen que ver con fuertes emociones que la gente no puede manejar y que les hace asustados, ansiosos... Utilizando psicoterapia se puede enseñar a la gente a manejar esos fuertes sentimientos que les acaban convirtiendo en pacientes psiquiátricos.
Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones
P. ¿Cómo suelen responder los psiquiatras a sus críticas?
R. Muy rara vez debaten conmigo lo que la ciencia dice. Creo que esto muestra que para ellos es difícil debatir sobre la ciencia. Lo que hacen es tratar de denigrarme como persona. Diciendo que no soy un psiquiatra. Es cierto, pero he aprendido a leer, soy un investigador, se leer artículos científicos. No necesito ser un psiquiatra para saber sobre este área.
También, junto a estos psiquiatras que se sienten amenazados, hay otros que están de acuerdo conmigo. Y hay hay algunos que no utilizan drogas psiquiátricas. Hay otros psiquiatras que están cambiando sus opiniones basándose en mi trabajo, algo que me anima mucho. Algunos no escuchan porque lo consideran demasiado aterrador. Si has creído en algo durante treinta años, ¿cómo puedes cambiar esa creencia?, decirte, estaba equivocado desde el principio, he dañado a muchos pacientes. Eso no es fácil, es más fácil cerrar los ojos y continuar como siempre.
P. Por cómo explica las cosas, da la sensación de que la gente está bien, empieza a tomar fármacos, empeora, y tiene que dejarlos para volver a estar bien. Pero la gente empieza a tomar medicamentos porque se encuentra mal y cuando deje de tomarlos es probable que la enfermedad no haya desaparecido.
R. Es un poco complicado. Cuando la gente no se siente bien y empieza a tomar drogas, muchos sienten que les ayudan. Pero lo que no saben es lo que habría pasado si no hubiesen tomado ningún fármaco. La mayor parte de la gente mejoraría en cuestión de semanas sin necesidad de drogas. Cuando les das un antidepresivo, muchos también mejoran en cuestión de semanas. Pero la diferencia entre darles la droga y un placebo es muy pequeña y estos ensayos clínicos no son fiables, porque no están bien cegados. Tanto los médicos como los pacientes confunden el proceso natural de curación que habría sucedido en cualquier caso, incluso con una psicosis aguda, con el efecto del fármaco.
Por otro lado, los pacientes se ponen nerviosos cuando dejan la medicación. Se preguntan qué pasará, si volverán a estar deprimidos. Y sí, si dejas un antidepresivo de una día para otro, muchas personas tendrán una depresión en cuestión de días, pero esto no es una depresión real, es una depresión fruto de la abstinencia. Ahora ha cambiado tu cerebro, como si un alcohólico deja el alcohol, se sentirá mal.

http://elpais.com/elpais/2016/09/20/ciencia/1474391855_558264.html

YouTube: se salva de ser internada en centro psiquiátrico tras dibujar este reloj

Historia que asombra en YouTube. Ella decía desesperadamente que no padecía de algún trastorno mental y una prueba le dio la razón.
Un prueba le salva de ir al manicomio. Foto: captura YouTube.
Una joven periodista de Nueva York estuvo al borde del colapso nervioso y su internamiento en un centro psiquiatrico parecía inminente; sin embargo, la última prueba a la que se sometió terminó salvándole la vida. Su historia fue publicada enYouTube.

Susannah Cahalan de momento a otro comenzó a comportarse de forma extraña. Era irritable de ratos y feliz en otros. Estos cambios repentinos se volvieron cada vez más peligrosos hasta que sufrió su primer ataque epiléptico.
Sus emociones eran incontrolables, así que fue internada. Ella sufría alucinaciones como, por ejemplo, que las pinturas cobraban vida. Entonces, los médicos creyeron que se trataba de un trastorno mental y que necesitaba ser internada en un centro psiquiátrico.
“Comencé a patear y golpear a las enfermeras tratando de escapar. Creía que se transformaban en otras personas y me estaban engañando. Estaba viendo cosas que no estaban ahí”, narra la joven.
Sin embargo, tal como se explica en el clip de YouTube, el doctor Souhel Najjar creyó que podría tratarse de un problema biológico y la hizo dibujar un reloj. La prueba fue reveladora.
El cerebro no estaba funcionando correctamente, pero no estaba dañado. En realidad era un trastorno del sistema inmunológico. “La ruptura de la barrera sangre-cerebro, que es esencialmente la pared entre la periferia y el cerebro. Evita que las sustancias nocivas en la sangre entren al cerebro“, explicó Najjar.
La joven pudo recuperarse, o al menos retomar sin problemas la vida que llevaba antes, tomando medicamentos. Tras este impactante suceso en su vida, ella ahora ha escrito un libro titulado “Brain on fire” (El cerebro en llamas).

http://larepublica.pe/ocio/777323-youtube-se-salva-de-ser-internada-en-centro-psiquiatrico-tras-dibujar-este-reloj-video























Auto-Immune Disease Mistaken For Psychotic Symptoms When Journalist Behaves Oddly

NEW YORK (CBSNewYork) — Imagine being a bright, young journalist with your entire life ahead of you. Then, suddenly you start behaving oddly, and doctors think you’re becoming psychotic.
As CBS2’s Dr. Max Gomez explained, for one woman, it was an attack on the brain by her immune system.
Psychiatric symptoms that are actually a biological disease are an under-appreciated and under-diagnosed problem.
One young New Yorker could have been institutionalized, had she not been seen by a very smart neurologist who suspected something else and saved her life.
Undergoing a neurological exam is routine and completely normal for Susannah Cahalan, but 7 years ago it would have been anything but.
It started with mood swings.
“One moment I would be you know, kind of hysterically happy, and then the next moment I would be despondent. I couldn’t control my emotions,” she said.
Shortly thereafter Cahalan had her first seizure and was hospitalized where her behavior became even more erratic.
“I was, you know kicking and punching nurses, trying to escape. I believed you know, nurses were turning into people, and playing tricks on me. I was seeing things that weren’t there,” she said.
When Dr. Souhel Najjar saw her, he suspected a biological cause to her behavior, so he asked her to draw a clock.
Cahalan’s drawing suggested that something was affecting just one side of her brain.
A small brain biopsy revealed inflammation around the blood vessels in the brain.
“Disruption of the blood-brain barrier, which is essentially the wall between the periphery and the brain. It prevents harmful substances in the blood to enter into the brain,” Dr. Najjar explained.
The break in the barrier left Cahalan’s brain open to attack by her immune system, leading to a massive encephalitis. More tests were followed by immune suppressing drugs and treatment to wash outt he attacking anti-bodies.“She’s fully normal. She has no neurological deficiency of any kind,” Dr. Najjar said.
Cahalan doesn’t remember much of her time in the hospital, but she knows how close she came to permanent brain damage.
“I mean I could have been cognitively impaired and put in a nursing home for the rest of my life, and I’m not. I’m here, and I’m very grateful for that fact,” she said.
Cahalan and Dr. Najjar were at different hospitals back then. Today Dr. Najjar has established one of the very few clinics for brain auto-immune diseases at Lenox Hill Hospital.
Cahalan wrote a book called ‘Brain On Fire’ that has been made into a major motion picture to be released later this year.

http://newyork.cbslocal.com/2016/06/06/auto-immune-disease-mistaken-for-psychotic-symptoms-when-journalist-behaves-oddly/

domingo, 27 de noviembre de 2016

En los internamientos psiquiátricos se incumplen los derechos humanos


http://www.eldiario.es/retrones/internamientos-psiquiatricos-incumplen-derechos-humanos_6_582051808.html

En los internamientos psiquiátricos se incumplen los derechos humanos

En las unidades de salud mental se vulnera la Convención de Derechos de Personas con Discapacidad con contenciones mecánicas, aislamiento sensorial o medicación forzosa. 
Pacientes y familiares denuncian estas y otras prácticas en twitter con la campaña #DDHHPsiquiatría. 



Alguien voló sobre el nido del cuco

Ya hablamos en su momento sobre las contenciones mecánicas en las unidades de psiquiatría como una vulneración clara de los derechos humanos, existen otras prácticas que quedan soterradas y son igualmente deplorables. También tratamos las esterilizaciones forzosas que se producen sobre todo en mujeres, pero hay más derechos que se vulneran en las unidades de psiquiatría.
Lo cierto es que en 2008 se ratificó La Convención de Derechos de Personas con Discapacidad, pero se incumple en muchos puntos. Pacientes y profesionales han denunciado a través de la campaña de twitter #DDHHPsiquiatría estas vulneraciones. Pacientes y familias aseguran que un ingreso voluntario se convierte en forzoso, ya que después si decides salir ya no depende de ti, sino del psiquiatra de turno.
Muchos pacientes denuncian la falta de personal que existe en los servicios de psiquiatría, aunque también denuncian la falta de voluntad que hay. Una paciente relata que en uno de sus ingresos estaba muy nerviosa, pero si una enfermera se sentaba con ella a charlar eso le tranquilizaba, por lo tanto no era necesaria una contención mecánica, ni pinchazos, ni correas.
Sin embargo, asegura que muchas veces se echa de de menos “esa voluntad de tener un trato más humano y ‘perder’ tiempo con los pacientes”, y por tanto se hagan más contrataciones  para que haya “más enfermeras que puedan y quieran salir del control de enfermería y charlar y cuidar a los pacientes que lo necesitamos”.  
Precisamente es por esa falta de personal que en algunos centros contratan en lugar de a celadores a personal de seguridad sin ninguna formación en Salud Mental y se pasean según denuncia la paciente “con la porra colgada del cinturón en plan disuasorio, por lo que resulta muy violento, intimidante y amenazante”.
Ana Carralero, enfermera de salud mental, asegura además que “en teoría los vigilantes de seguridad no deberían tocar a los pacientes, y en muchos sitios ayudan a las contenciones o los usan para asustarlos”. De hecho, hay un documento de la Asociación Española de Salud Mental, donde recomiendan "su uso".
Otra de las cuestiones que se ha denunciado es el trato discriminatorio dentro del mismo hospital, como sucede en el Ramón y Cajal, donde los pacientes tienen que llevar un pijama diferente que los distingue del resto de pacientes del hospital.
Si se habla de que a los pacientes se les trata como a presos no es gratuito, ya que además se les quita sus objetos personales, y no se les permite usar su ropa, ni su gel, ni su champú, un libro, música... si no es sin permiso. En los ingresos psiquiátricos se filtran las llamadas familiares y amigos, permitiéndose tan sólo una diaria.
Un familiar denuncia haber visto lo que se denomina "aislamiento sensorial" -calificado de tortura por organismos de derechos humanos- consistente en atar a una persona a la cama, inmovilizarla y prohibirle cualquier lectura o música, además de no permitir la entrada de nadie.
Volviendo al tema de las contenciones forzosas o mecánicas se han dado casos en los que el psiquiatra ha sido ayudado por otro paciente para atar a otro. Es algo que el comité contra la tortura de la ONU puntualiza específicamente que eso no puede ocurrir en ningún caso. Por ejemplo, entre las recomendaciones que se dan en el caso de que las contenciones sean inevitables, es que los pacientes no pueden estar solos con otros pacientes. Sin embargo, en muchos sitios eso ocurre, ya que en el hospital Ramón y Cajal las habitaciones son triples y si atan a uno está con otros dos en la habitación, según aseguran fuentes cercanas al hospital.
La medicación forzosa es otro de los puntos a denunciar, ya que se producen amenazas, como “quitarles los permisos o no darles el alta o dejarles sin comer si no se toman la medicación”, asegura Carralero. “Portarse bien es algo que se usa mucho, como condición para, como si de niños se tratase”.
Como si de un capítulo de Black Mirror se tratara, un paciente explica que “en los ingresos muchas veces te dan pastillas que no sabes qué son y la enfermera se niega a decírtelo porque eso tienes que hablarlo con el psiquiatra, que no va a verte hasta el día siguiente, tres o cuatro tomas de medicación más después”, explica. “Y si te niegas a tomarte la medicación, te humillan, te enfrentan a tus compañeros (‘nadie va a poder levantarse de la mesa hasta que no te la tomes’), te amenazan con reducirte y pinchártela”, denuncia.
Algo que también se está denunciando es la falta de formación en el personal –algo a lo que obliga la Convención- ya que hay una especialidad en salud mental para enfermeras, pero no se exige. Los auxiliares de enfermería y celadores no reciben una formación específica para trabajar en las unidades por lo que muchas veces no entienden por qué los pacientes se comportan de una determinada manera, creen que lo hacen porque quieren.
Otra vulneración son los engaños al paciente, ya que “se les dice que vaya al hospital porque les van a hacer una prueba médica por ejemplo y una vez en el hospital les ingresan involuntariamente”, explica un profesional sanitario.
Estas son tan sólo algunas de las denuncias que se han producido en los centros sanitarios de salud mental. Muchas otras no se tienen en cuenta, porque ¿quién va a creer a un loco? Precisamente de esa vulnerabilidad se aprovechan tanto profesionales como “los Jefes de Todo Esto”.
La pregunta es ¿queremos que lugares que se destinan a sanar se conviertan en cárceles donde se suprimen los derechos humanos?

Denuncian ingresos de menores en psiquiatría sin autorización del juez

ESTO PASA EN PERU SIEMPRE


TRIBUNALES

Denuncian ingresos de menores en psiquiatría sin autorización del juez


Dos adolescentes de espaldas frente a la puerta de un instituto madrileño. 

Fiscalía constata que las privadas los mantienen de forma 'alegal'
El Institut Balear de Salud Mental asegura que es 'peligroso'
Hay menores ingresados en unidades psiquiátricas de los que las instituciones no saben nada. Se trata, según denuncia la Fiscalía, de niños y adolescentes internados en clínicas privadas de forma «alegal», sin autorización judicial y sin un control que garantice tanto su protección ante una posible negligencia de sus tutores como una atención adecuada. En 2014, tras la demanda del Ministerio Público, el Govern aseguró que no tenía competencias para resolver el problema. Sin embargo, desde el Institut Balear de Salud Mental de la Infancia y la Adolescencia (Ibsmia) confirman los hechos y señalan que es una situación «peligrosa».
La legislación es clara. La Ley de Enjuiciamiento Civil explica que cualquier internamiento por razones de trastorno psíquico de una persona que no pueda decidirlo por sí misma, «requerirá autorización judicial». Por mucho, subraya, que estén bajo tutela o patria potestad de otros. En el caso de menores, incide, el ingreso requerirá no sólo de un informe previo a los servicios de asistencia, sino que también deberá realizarse en un centro adecuado a su edad. Dos circunstancias que en Baleares se incumplen de manera reiterada.
La Fiscalía denuncia en su memoria de 2015 que se están produciendo ingresos de menores de forma «alegal» sin autorización judicial previa. Situación que el Ministerio Público ha detectado en clínicas privadas desde donde «no se comunica» a los juzgados este tipo de ingresos. Esto supone que estos pacientes estén fuera del control de las instituciones y del propio Ibsmia para saber si realmente era necesario dicho internamiento y en qué circunstancias se ha realizado.
El director del Institut Balear de Salud Mental de Infancia y Adolescencia, Jaume Morey, confirma la existencia de estos casos. «Nos hemos encontrado con pacientes que llegan remitidos por clínicas privadas en las que ya estaban ingresados sin que hubiera constancia de ello», remarca. Situación que considera «peligrosa» por las características de esta estancia.
«En Baleares no existe ninguna unidad de psiquiatría infantil o juvenil que no sea pública, por lo que en todos esos internamientos privados los menores convivieron con adultos que sufrían algún trastorno mental», explica. Una circunstancia sobre la que llama la atención ya que se trata de una población adulta «que puede ser peligrosa» frente a jóvenes «vulnerables» y que, además, incumple lo recogido en la legislación española. Además, tanto instituciones como juzgados desconocen la asistencia que se ofrece en estos centros. «Nos hemos encontrado con casos en los que los padres debían permanecer 24 horas con sus hijos», apunta.
¿Por qué es necesaria la autorización judicial? Porque ni la autorización del médico ni la de los padres es suficiente. «Está pensado para proteger al menor y evitar que acabe internado por un trastorno cualquiera o porque sea un niño, como se suele decir, malo de manejar», señala Morey. Muchos de los casos que acuden a clínicas privadas de forma directa, añade, esconden problemas de desintoxicación de drogas en adolescentes o intentos de suicidio.
No existe un número concreto de menores perdidos en unidades de psiquiatría porque sólo salen a la luz los que acaban derivados al Ibsmia en Son Espases o Son Llàtzer. «De los que se resuelven antes, nunca tenemos noticias», sostiene Morey, que afirma que en lo que va de año han conocido tres casos de internamientos alegales.
En 2014, y ante el problema detectado, la Fiscalía puso los hechos en conocimiento de la Conselleria de Sanidad del Govern. La respuesta del departamento que entonces dirigía Martí Sansaloni fue que no tenía competencias para resolver el problema. Asimismo, se adjuntó un listado con todas las clínicas de las Islas que contaban con unidad psiquiátrica, y a quienes el Ministerio Público remitió la obligatoriedad de dar parte de los ingresos de menores por enfermedad mental.

http://www.elmundo.es/baleares/2015/09/21/55ffc1a1ca47412b1d8b4583.html